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Epilepsia, ese mal tan temido

Se trata de una patología más común de lo que se cree. Existen tratamientos efectivos que le permiten a los pacientes llevar una vida normal.

La epilepsia es una enfermedad que suele despertar temores: aquellos que la padecen no se sienten cómodos al contarlo y el entorno suele preocuparse ante la posibilidad de que ocurra una crisis. Sin embargo, esta patología es más frecuente de lo que se cree y, con un adecuado tratamiento, permite a los pacientes llevar una vida normal.

Las crisis epilépticas son episodios en donde se altera la actividad eléctrica del cerebro, manifestándose por alteración en la conciencia o por aparición de sintomatología motora, sensitiva o conductual. La mayoría de las convulsiones duran segundos y como máximo hasta 2 minutos y no causan daños duraderos. Se trata de una emergencia médica cuando acontecen por más de 5 minutos o si una persona tiene reiteradas convulsiones y no se despierta entre cada una de ellas.

El neurólogo Damián Consalvo (M.N. 80.223 y presidente de la Liga Argentina Contra la Epilepsia) sostuvo que “si bien pueden presentarse en cualquier momento de la vida, se identifican tres picos de aparición frecuente: 1) menores: causada por malformaciones cerebrales, daño cerebral en período periparto y/o genéticas, 2) adolescentes: a causa de diversos síndromes y 3) adultos mayores: por ser un sector de la población con mayores lesiones cerebrales que los predisponen a desarrollar epilepsia”.

“Los síntomas de esta enfermedad varían en cada paciente de acuerdo al área del cerebro afectada. Segundos antes de una crisis epiléptica, algunos pacientes experimentan lo que se conoce como aura epiléptica, un conjunto de sensaciones que les puede ser útil para prepararse ante una crisis y evitar lesiones o caídas. La duración de las auras abarca desde segundos hasta minutos previos a la convulsión, manifestándose como dolor de abdomen, sensaciones emocionales como angustia, miedo, nerviosismo, adormecimiento de alguna parte del cuerpo u otra sensación de acuerdo al origen de la crisis”, agregó el médico encargado de dicha área en el Sanatorio de Los Arcos.

Las causas de la epilepsia pueden ser múltiples: desde un ACV; enfermedades degenerativas como demencias, por ejemplo, mal de Alzheimer; lesiones cerebrales que ocurren durante o cerca del momento del nacimiento; trastornos congénitos del metabolismo; malformaciones vasculares; tóxicos hasta lesiones postraumáticas o lesiones postinfecciosas.

Diagnóstico

Si bien en los últimos años mejoró el diagnóstico de la epilepsia, aún existe la problemática del subdiagnóstico y el sobrediagnóstico Es clave encontrar uno certero, porque, con la medicación apropiada, alrededor del 70% de los pacientes deja de tener crisis. Esto hace que puedan desarrollar sus actividades cotidianas en forma habitual, salvo excepciones.

En los últimos años se incorporaron nuevos métodos de diagnósticos se mejoraron tanto los equipos de electroencefalografía (EEG) como la posibilidad de su visualización a través de la computadora con la incorporación de estudios de Video-EEG, o sea, obtener el registro simultáneo de la clínica del paciente y de su actividad cerebral.

Alternativas

Una vez diagnosticado, el tratamiento es farmacológico y tiene la capacidad de reducir el número de crisis futuras. En situaciones particulares, donde no se halla respuesta a través de medicación, se puede recurrir a otros tratamientos, como la cirugía para extirpar células cerebrales anormales que causan convulsiones o para colocar un estimulador del nervio vago. En ciertos casos, en general pediátricos, puede tratarse con dieta cetogénica.


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