Convertir basura en energía a través de la combustión: ¿Solución o peligro ambiental?

El sistema de termovalorización es utilizado en las principales ciudades de Europa, como Copenague y París, pero ha tenido mayor expansión en Escandinavia. México está desarrollando la primera planta con esta tecnología en Latinoamérica.

El jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires lo quiere traer a Argentina, en una jugada que podría tener el efecto de restar poder a Hugo Moyano en el negocio de la basura, pero ambientalistas aducen que implica riesgos serios.

Horacio Rodríguez Larreta se encuentra en Estocolmo, analizando cómo funciona el sistema que transforma la basura en energía, conocido como termovalorización, reveló La Política Online. El jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires quiere cambiar la matriz del negocio de la basura, transformándolo en un negocio energético, lo que permitiría internacionalizar los jugadores y reducir el papel Hugo Moyano en el juego, apuntó el portal.

Pero, ¿de qué se trata la termovalorización? El proceso, conocido en inglés como ‘waste-to-energy’ (de basura a energía) o ‘energy-from-waste’ (energía de la basura), consiste en la generación de electricidad o calor a partir del tratamiento primario de la basura.

Las plantas de termovalorización energética son una forma alternativa de generar electricidad sin usar combustibles no renovables, lo que ayuda a reducir drásticamente el volumen de los residuos y también a restituir progresivamente los combustibles tradicionales, en pos del desarrollo sostenible, explicó Christian Ramírez Carmona de Selecciones. Sin embargo, la termovalorización ha suscitado cierta controversia porque hay ambientalistas que se le oponen.

El sistema está muy extendido en Escandinavia. La BBC visitó la planta Klemetsrud, la más grande de recuperación de energía en Noruega, “un gran espacio de concreto lleno de basura”, relata Mathew Price. Allí llegan los residuos expulsados por millones de hogares en Noruega, el Reino Unido y otros lugares, y son convertidos en calor y electricidad para la ciudad de Oslo, previa selección (lo reciclable es apartado del proceso).

“Cuatro toneladas de residuos tienen la misma energía que una tonelada de combustible”, explicó Paul Mikkelsen, director de la agencia Waste-to-energy en Oslo, a la BBC. Mikkelsen asegura que una tonelada de combustible de petróleo podría calentar una casa durante un año y medio. “En otras palabras, tome una pequeña parte de la carga máxima de un camión recogedor de basuras británico, cargado en las ciudades de Lees o Bristol.

Conviértalo en energía aquí y podrá calentar una casa en Oslo durante medio año” explica la BBC. Menciona dichas ciudades porque ambos exportan residuos a Oslo. “En lugar de pagar por llevarlos a un vertedero de basura después de que los elementos reciclables han sido retirados, lo que hace es pagarle a Oslo para que se ocupe de ellos”, escribió Price de la BBC.

“El proceso es simple. Los residuos, tonelada por tonelada, caen en un incinerador. La temperatura se eleva a 850 grados.” Selecciones agrega que la incineración controlada de la basura a 850ºC, sucede al menos durante 2 segundos.

No toda la basura arde: algunas latas viejas o resortes de colchones a veces se hallan entre las cenizas, agrega la BBC. Pero el resto sí. “El calor hierve el agua. El vapor impulsa una turbina que produce electricidad. Y el agua hirviendo se canaliza hacia fuera de la planta, a las casas y las escuelas públicas de todo Oslo”, explica la BBC.

Tras la combustión, los residuos reducen su volumen en aproximadamente un 90%, y su peso en un 75%, explicó Selecciones. Antes de ser arrojados a la atmósfera, además, los residuos generados durante el proceso reciben un tratamiento de limpieza y depuración.

La incineración, explica Wikipedia -la combustión de material orgánico como la basura con recuperación energética- es el método más comúnmente usado para la implementación del waste-to-energy, aunque no el único.

No todos los ambientalistas ven en la termovalorización una solución: algunos la perciben como un peligro. Greenpeace se opuso el año pasado al proyecto de una planta de termovalorización en Ciudad de México, a la que considera una contradicción ambiental, ya que será, asegura, una fuente adicional de contaminación en la ya trágicamente poluta capital.

La organización advirtió que dicha planta, conocida como ‘El Sarape’ (que será la 1º en América Latina), constituye, tal como indica la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), una fuente adicional de emisiones de material particulado y óxidos de nitrógeno para el aire de la Ciudad de México y su zona metropolitana, explicó el diario El Universal.

Fronteras Comunes, uno de los grupos ambientalistas que se opusieron a la planta en México, acusó que en la instalación habría incineración de residuos tóxicos. “No es lo mismo una planta que se opera en Europa que una planta aquí, donde no separamos la basura y se van muchas cosas que no deberían ir”, dijo la directora de Fronteras Comunes, Marisa Jacott, al portal Expansión.

Pero según el doctor Luis Raúl Tovar del Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios sobre Medio Ambiente y Desarrollo del Instituto Politécnico Nacional, el proceso de la planta aplica una temperatura de combustión por encima de los 850ºC por más de 2 segunos, lo que inhibe la formación de dioxinas y furanos, compuestos químicos que se producen a partir de procesos de combustión y que son tóxicos.

Otros ambientalistas como Carlos Álvarez, presidente de la asociación México, Comunicación y Ambiente, defiende el proyecto, aduciendo que “todas las sustancias químicas pueden ser manejadas adecuadamente”. “En esta planta se tratan los gases y las cenizas que se general se disponen en un relleno especial. Estas plantas no generan ningún impacto al ambiente”, dijo Álvarez según Expansión.

A pesar de intentos de frenarla, el jefe de Gobierno de Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, informó en enero que un juez rechazó la suspensión definitiva del amparo impuesto contra la planta, por lo que las autoridades recabarían los últimos permisos para iniciar su construcción. El Sarape tendrá como fin el aprovechamiento de 4.500 toneladas de basura para transformar en energía que será utilizado en las líneas del metro.

La termovalorización también tiene enemigos entre los ambientalistas noruegos, explica la BBC. Lars Haltbrekken, del Consejo de Amigos del Este de Noruega, explicó a la BBC: “La meta primordial desde una perspectiva ambiental debería ser reducir la cantidad de basura, reusar lo que se pueda reusar, reciclar y después, la cuarta opción es quemarla para producir energía. Hemos creado sobrecapacidad en las plantas de Noruega y Suecia. Y ahora dependemos de producir más y más basura”.

Los entusiastas con el proyecto discrepan: aducen que, con todas las plantas de conversión de basura de energía de Europa, sólo alcanzan a consumir el 5% del total de rellenos sanitarios. Con los estrictos controles de limpiza de gases productos de la combustión, Oslo cree que convertir basura en energía ayudará a reducir a la mitad las emisiones de carbon en los próximos 20 años.

En Argentina, la idea del Gobierno es aprobar una norma que habilite la incineración para el próximo 26/4, reveló La PoLítica Online. Desde que el gobierno anunciara el envío a la Legislatura del proyecto que modifica la Ley de Basura Cero, grupos ambientalistas como Greenpeace pusieron el grito en el cielo. “El proyecto cambia solo tres artículos de la ley de Basura Cero, entre ellos elimina prohibición de la termovalorización, todo indica que es la opción que quiere el gobierno”, dijeron fuentes opositoras a La Política Online.

La escala del negocio, explica el portal, dejaría afuera a la gran mayoría de los operadores locales, ya que una planta de termovalorización cuesta más de US$ 200 millones, fuera del alcance de los operadores actuales del sistema.

Si bien todavía no está claro donde se ubicarían las plantas de tratamiento ni cuántas serían, agrega La Política Online, el sistema nuevo no necesitaría los miles de camiones que hoy llevan la basura hasta el Ceamse que, por otro lado, tiene una vida útil estimada apenas en 5 años más.

En marzo de este año, María Elena Polack, del diario La Nación, había adelantado que el Ceamse analizaba modelos de incineración para la ciudad, ante el hecho de que al Complejo Ambiental Norte III, donde hoy se depositan los residuos, le quedan 5 años de vida útil. Funcionarios ya han visitado plantas en París, Viena y Amsterdam, buscando opciones ante el colapso de los rellenos sanitarios del área metropolitana, explicó Polack.

Construir una planta de termovalorización como la que funciona a menos de 2 kilómetros de la torre Eiffel, sobre el río Sena, demoraría 3 años y podría costar unos 200 millones de euros, especificó La Nación. Eso teniendo en cuenta que la ciudad de Buenos Aires debería antes modificar su ley para que permita la incineración de la basura, prohibida en todo el territorio nacional.