Sirios rebeldes en retirada y el Papa pide fin de la guerra

Guta es una región de la campiña de Damasco, cerca de la zona oriental de la capital de Siria, que contiene una gran cantidad de tierras rurales. Antes de la guerra fue una zona verde o cinturón agrícola que recibía agua del río Barada. Hay novedades en esa zona.

Un grupo de combatientes rebeldes sirios comenzó el domingo a abandonar su último bastión en Guta Oriental para dirigirse a Idlib, controlada por los insurgentes en el noroeste del país, dijeron medios estatales.

Idlib se encuentra en el noroeste de Siria, y su capital homónima está a 60 Km. de la ciudad de Alepo, ya recuperada por las fuerzas de Bashar al-Asad, reforzadas por rusos, iraníes y libaneses.

El movimiento de retirada de los combatientes de Failaq al Rahman demuestra que hay posibilidades que al-Asad recuperen el control de Duma, luego de un largo sitio.

Duma pertenece a la Gobernación de Rif Dimashq y es una ciudad musulmana donde el grupo rebelde dominante se llama Jaish al Islam, que sigue negociando un acuerdo con Rusia para su rendición que les permita abandonar el enclave o firmar la paz con las autoridades sirias.

Un comité negociador alcanzó por la noche un acuerdo para evacuar a los civiles y combatientes heridos de Jaish al Islam hacia el noroeste del país, pero no estaba claro si formaba parte de un acuerdo más amplio que incluya las últimas etapas de la retirada de combatientes.

En el Vaticano

Fragmento de la crónica de Andrea Tornielli, desde Ciudad del Vaticano, para Vatican Insider:

“Hay que detener «inmediatamente» el «exterminio que se está llevando a cabo en Siria». Lo pidió el Papa Francisco en el mensaje pascual “Urbi et Orbi” (a la ciudad y al mundo). El Pontífice, que se asomó a medio día desde la logia central de la Basílica de San Pedro, recordó el evento de la Pascua: «Y esto es lo que ha sucedido: Jesús, el grano de trigo sembrado por Dios en los surcos de la tierra, murió víctima del pecado del mundo, permaneció dos días en el sepulcro; pero en su muerte estaba presente toda la potencia del amor de Dios, que se liberó y se manifestó el tercer día, y que hoy celebramos».

«Nosotros, los cristianos –añadió–, creemos y sabemos que la resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo, aquella que no defrauda. Es la fuerza del grano de trigo, del amor que se humilla y se da hasta el final, y que renueva realmente el mundo. También hoy esta fuerza produce fruto en los surcos de nuestra historia, marcada por tantas injusticias y violencias. Trae frutos de esperanza y dignidad donde hay miseria y exclusión, donde hay hambre y falta trabajo, a los prófugos y refugiados (tantas veces rechazados por la cultura actual del descarte), a las víctimas del narcotráfico, de la trata de personas y de las distintas formas de esclavitud de nuestro tiempo».

El Papa pidió paz para todo el mundo, empezando por Siria, «cuya población está extenuada por una guerra que no tiene fin. Que la luz de Cristo resucitado ilumine en esta Pascua las conciencias de todos los responsables políticos y militares, para que se ponga fin inmediatamente al exterminio que se está llevando a cabo, se respete el derecho humanitario y se proceda a facilitar el acceso a las ayudas que estos hermanos y hermanas nuestros necesitan urgentemente, asegurando al mismo tiempo las condiciones adecuadas para el regreso de los desplazados».

Francisco también pidió frutos de reconciliación para la Tierra Santa, «que en estos días también está siendo golpeada por conflictos abiertos que no respetan a los indefensos», dijo refiriéndose a los manifestantes palestinos que fallecieron en Gaza, «para Yemen y para todo el Oriente Próximo, para que el diálogo y el respeto mu tuo prevalezcan sobre las divisiones y la violencia». (…)”.