¿Qué dicen los historiadores sobre el verdadero aspecto de Jesús?

Después de siglos y siglos de eurocentrismo —tanto en el arte como en la religión— se sedimentó la imagen más conocida de Jesús: un hombre blanco, barbudo, de cabello largo castaño claro y ojos azules.

A pesar de ser un retrato ya conocido por la mayoría de los cerca de 2.000 millones de cristianos que hay en el mundo, se trata de una recreación que debe haber tenido poco que ver con la realidad.

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El Jesús histórico, señalan expertos, muy probablemente era moreno, bajito y mantenía el cabello recortado, como los otros judíos de su época.

La dificultad para saber cómo lucía Jesús viene del mismo origen del cristianismo: el Nuevo Testamento, la parte de la Biblia que narra la vida de Jesús, no hace ninguna descripción de su aspecto.

En 2001, para un documental producido por la BBC, el experto forense en reconstrucciones faciales británico Richard Neave utilizó sus conocimientos científicos para alcanzar una imagen cercana a la realidad.

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A partir de tres cráneos del siglo I, de antiguos habitantes de la misma región donde Jesús habría vivido, él y su equipo recrearon, utilizando modelado 3D, un rostro típico que muy bien pudo haber sido el de Jesús.

Los esqueletos de judíos de esa época muestran que la altura media era de 1,60 m y que la gran mayoría de hombres pesaba poco más de 50 kilos.

El diseñador gráfico brasileño Cícero Moraes, especialista en reconstrucción facial forense, creó una imagen científica de Jesucristo a pedido de BBC Brasil.

Moraes comenta que “(Jesús) ciertamente era moreno, considerando la tez de personas de aquella región y, principalmente, analizando la fisonomía de hombres del desierto, gente que vive bajo el sol intenso”.

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En la Epístola a los Corintios (uno de los libros de la Biblia), el apóstol Pablo escribe que “es una deshonra para el hombre tener pelo largo”, por lo que Jesús no habría tenido cabello largo, como suele ser retratado.

“Para el mundo romano, la apariencia aceptable para un hombre era que llevara la barba afeitada y el cabello corto. Aunque en la antigüedad, los filósofos probablemente se dejaban la barba larga”, afirma la historiadora Joan Taylor.