5 años de Francisco, el Papa argentino que no quiere volver a su tierra

Se cumplen hoy exactamente 5 años del día en que el argentino Jorge Bergoglio fue elegido para ocupar el trono de Pedro. Sorprendía al mundo el primer papa latinoamericano, a la vez que cosechaba las mayores objeciones en su propia tierra. Aquella tierra que lo vio partir “con lo puesto” y nunca más regresar. La sobrevoló hace muy poco, luego de 5 años de excusas. Pero, ¿y si no viene nunca?

Se cumple hoy un lustro de aquel 13 de marzo de 2013, cuando el argentino Jorge Bergoglio fue elegido para ocupar el trono de Pedro.

Desde entonces, Francisco ha tenido que encarar importantes desafíos, entre ellos los escándalos por abusos sexuales, la creciente pérdida de fieles, una dura disidencia interna que se resiste a toda reforma, y la vaga sensación de que su paso por aquel trono sería breve. Sensación que aún persiste, y que la renuncia de Joseph Ratzinger, el papa Benedicto XVI, cuyo antecedente data de 1415, la hace aún más posible. El papa puede renunciar y puede hacerlo sin haber resuelto otra deuda pendiente: pisar su propia tierra como Papa.

En 2013, la excusa fue que tenía que asentarse; en 2014 que aún estaba en el poder Cristina Fernández, con la que había tenido enfrentamientos durísimos cuando era arzobispo de Buenos Aires; en 2015, que había elecciones presidenciales; en 2016, era Macri; en 2017, de nuevo elecciones, esta vez legislativas, y ¿en 2018? Se acabaron las excusas, pero viajó a Chile en enero y pasó por alto la Argentina.

Que después de 5 años Francisco no haya podido regresar a su país es más que una decisión estratégica. (Y 2019 es año electoral otra vez. ¿Y si no vuelve nunca?)

Cabe recordar que las mayores objeciones a su elección como líder de la Iglesia Católica salieron en la Argentina del gobierno kirchnerista y las organizaciones de derechos humanos que lo acusaron de haber colaborado con el último gobierno militar. Aunque, cuando advirtieron que caminaban a contramano del mundo, la propia expresidenta Cristina Fernández giró y el Vaticano abrió sus puertas a cuanto representante del antiguo oficialismo quisiera blanquear su imagen en su atuendo.

Es sabido que el triunfo de Mauricio Macri no le agradó. Las señales y vocerías para poner en claro sus diferencias ideológicas con el nuevo gobierno no dejaron dudas.

Quedó quizás atrapado entre sus posiciones políticas afines al populismo y el voto de los argentinos que eligieron un gobierno liberal. En efecto, en su última visita a Chile, la distancia con su tierra quedó tan en evidencia que incluso la admitieron en el seno de la Iglesia.

“Es doloroso que pase por arriba nuestro y aterrice en otro lado”, dijo el vocero de la Conferencia Episcopal, Jorge Oesterheld.

Sucede que la tensión con el Gobierno de Macri, lejos de resolverse, se acentúa cada día más. Y la despenalización del aborto es la mejor expresión de ello. El presidente promovió el debate parlamentario de este artículo de fe innegociable para la Iglesia.

Sin dudas, que esta cuestión se debata en el país natal del papa es una turbulencia adicional para Francisco, y un desafío para que exhiba hasta qué punto su programa reformista incluye también el respeto a la laicidad del Estado.

Tanto Macri, como la vicepresidenta Gabriela Michetti, la gobernadora María Eugenia Vidal, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y hasta la principal espada parlamentaria del oficialismo, Elisa Carrió, se pronunciaron en contra del aborto, pero se atrevieron a romper, al menos, el pacto que existía entre la exmandataria nacional y el Vaticano para eludir el tema.

Y así como crece la distancia con el oficialismo actual, lo hace el apoyo kirchnerista que aún hoy justifica su giro: “Francisco transformó a Bergoglio, radicalizó su perspectiva a favor de los pobres, de los excluidos y de sus derechos. Sus gestos y mensajes se pudieron ver desde el primer viaje a Lampedusa, suelo de inmigrantes. Fue memorable su discurso sobre “las tres T” en Bolivia”.

Así lo describe hoy al “primer papa latinoamericano”, Washington Uranga, en el diario ‘Página 12‘, que lo califica además como “líder en un mundo con liderazgos en crisis”, gracias a su “prédica en favor de los pobres, de la vida y de los derechos”:

“Francisco es hoy un líder incómodo para los centros de poder mundial, pero al mismo tiempo una figura cercana y popular entre los marginados. Francisco transformó a Bergoglio, acentuó los rasgos más latinoamericanistas del entonces cardenal de Buenos Aires y radicalizó su perspectiva en favor de los pobres, de los excluidos y de sus derechos. Y esto disgustó al poder que hoy se dice decepcionado o directamente escandalizado con el Papa. Francisco apoyó todo esto con su política de los gestos y con un mensaje sencillo, llano y entendible para todo el pueblo, una virtud que tampoco solía exhibir durante su paso por el arzobispado de Buenos Aires”, se lee en la nota, en cuyo último párrafo se le pide que avance con un nuevo concilio ecuménico:

“(…) sabe que tiene una tarea por hacer: avanzar y profundizar la reforma de la Iglesia hacia una forma de gobierno y de participación más sinodal, más horizontal y plural que renueve la vida del catolicismo. Esa es, probablemente, la gran tarea pendiente y la próxima que el Papa decida encarar como legado de su pontificado. Para alcanzar este propósito no habría que descartar ni siquiera el llamado a un nuevo concilio ecuménico. ”

También escribe en ‘Página/12’, Fortunato Mallimaci (UBA/Conicet), quien destaca de este líder mundial que “proclama y promueve un catolicismo popular, más de salidas y aperturas hacia fuera que de respuestas hacia los problemas internos. Denuncia al espíritu burgués y empresario que ama “a la caca del diablo, el dinero” y que promueve una “economía que mata”. En el siglo XXI retoma desde una sociedad mediática, temas del siglo XIX: los trabajadores, los migrantes, los pobres, los presos son PERSONAS y agrega ahora: tienen DERECHOS.

Esas críticas lo han convertido en un líder mundial que abre expectativas globales. Allí donde hay un conflicto que atenta contra la paz y el encuentro de los pueblos, allí el papado y el estado del Vaticano están hoy presentes. Más aún, el desafío de encontrarse con el pueblo y gobierno de la principal potencia mundial como es hoy China está cada vez más cerca.

(…) Desde su primer gesto socio-religioso como ir a la isla de Lampedusa en Italia para decir que los migrantes deben ser respetados en su dignidad, el apoyar movimientos sociales de los ninguneados del sistema hasta el ir a la cárcel de mujeres en Chile para decirles que tienen derechos de ser reconocidas, hay un denominador común: reivindicar sus derechos como personas y su reconocimiento por la sociedad y el Estado. Es “construir una Iglesia pobre para los pobres”.”

A diferencia de Washington Uranga, si habla de las “tensiones no resueltas”: “En cinco años no se tomaron medidas significativas de condena y expulsión de la institución eclesiástica de sacerdotes pedófilos, más bien todo lo contrario: siguen siendo protegidos y sustraídos de la acción pública de la justicia, lo que tuvo su manifestación más explícita en la reciente visita a Chile. También están pendientes las discusiones y decisiones sobre el rol de las mujeres y de las órdenes religiosas femeninas en la Iglesia, cuya participación en los espacios de poder institucional es casi nula. Los mecanismos de designación de autoridades en la Iglesia en manos del propio Papa y de la curia romana no han sido puestos en cuestión y son reafirmadas. Es la contratara de la enorme dificultad de construir movimientos y grupos que sienten las bases de otro tipo de catolicismo más horizontal y democrático. ”

El castigo que recibió Francisco en enero pasado por parte de la sociedad chilena luego de la defensa pública del obispo chileno de Osorno, Juan Barros, acusado de haber encubierto casos de abusos sexuales, y su pedido de pruebas a las víctimas, que ensombrecieron su visita a Chile, es ineludible.

El Papa que inició su pontificado con una multitud infinita en las playas de Río de Janeiro se enfrentó con el vacío de la sociedad chilena, que le enrostró las vacilaciones de la Iglesia frente a los casos de pederastia.

“No hay una sola prueba en contra. Todo es calumnia, ¿está claro?”, estas fueron las palabras que utilizó Francisco el pasado 18 de enero en el Campus Lobito de la ciudad de Iquique.

Luego tuvo que pedir perdón a las víctimas por haberlos “herido” y envió a un experto para investigar a Osorno, lo sucedido en Chile.

Una muestra más de las dificultades que sigue teniendo la Iglesia para desterrar la pederastia y también demuestra que Bergoglio ha seguido el camino marcado por Benedicto XVI en este campo: promete mano dura con los abusadores y procesos más rápidos para aclarar responsabilidades, aunque el escándalo ha golpeado, incluso, a uno de sus más estrechos colaboradores, el cardenal australiano George Pell.

El de las ‘Mujeres’ es otra de sus deudas pendientes. “Donde las mujeres son marginadas es un mundo estéril, porque no solo portan la vida, sino que también nos trasmiten la capacidad de ver más allá, de sentir las cosas con un corazón más creativo, más paciente, más tierno”, dijo el Papa durante el rezo del ángelus del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, de hace tres años. Sin embargo, pocos pasos se han dado hasta ahora para dar mayor visibilidad y responsabilidad a las mujeres.

El más llamativo es la creación, en 2016, de una comisión destinada a estudiar el eventual acceso de las mujeres al diaconado permanente, de la que no se han tenido más noticias. Ante el sacerdocio femenino, Bergoglio se ha mostrado en contra: “La Iglesia se pronunció y dijo no. Lo dijo Juan Pablo II con una formulación definitiva. Esa puerta está cerrada”.

Desde el diario ‘Clarín’ han resumido este quinquenio con las palabras del vaticanista Marco Politi, quien escribió que Bergoglio ha caminado “dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás”, cometiendo errores que han dado armas a los conspiradores más reaccionarios, que lo consideran “un herético”, dominado por una pasión pastoral que le hecho perder el rumbo doctrinario.

Pero Jorge Bergoglio está decidido a seguir adelante con lo que considera “cambios profundos la Iglesia”. Pese a las presiones de sus adversarios, de conservadores y tradicionalistas, cierto es que no piensa renunciar.

El apoyo de Benedicto XVI

En ese rumbo lo acompaña, por cierto, el Papa emérito Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, quien le hizo el mejor regalo por el aniversario de los cinco años de pontificado con una carta en la que afirma que “es un hombre de profunda formación filosófica y teológica”.

La carta de Joseph Ratzinger es un respaldo formidable al Papa, atacado por sus adversarios ultraconservadores que lo acusan, como se mencionó, de estar dominado por una pasión pastoral que lo lleva a confusiones teológicas debido también a su escasa preparación en la “sana doctrina”.

Es la primera vez que Benedicto XVI, de 90 años, escribe desde el convento en los Jardines Vaticanos donde reside, conceptos tan importantes en favor de su sucesor.

Benedicto XVI fue el primer pontífice que renunció en más de 600 años de historia de la Iglesia.

“Celebro esta iniciativa que quiere oponerse y reaccionar al necio prejuicio, según el cual el Papa Francisco sería solo un hombre práctico, que carece de particular formación teológica o filosófica, al tiempo que yo habría sido únicamente un teórico de la teología, que hubiera comprendido poco sobre la vida concreta de un cristiano de hoy”, escribió Benedicto XVI.