AMIA: Una causa imprescriptible con una verdad muerta

A más de dos décadas casi nada se ha avanzado para saber la verdad sobre el atentando a la AMIA y hacer justicia a las víctimas y a sus familiares. Podría decirse que el motivo no es la mera desidia sino el fuerte interés para que no se descubra lo que allí ocurrió y para encubrir a los culpables. Pero a esta altura, parece haber cambiado hasta ese interés. Con la verdad establecida ya como la principal víctima del atentado, la causa en sí, sin importar lo que haya sucedido o no, es la que resulta un arma poderosa para devorarse una y otra vez, a funcionarios oficialistas, opositores, fiscales, jueces, exfuncionarios, etc., etc.. Pero, ¿cómo explicarle a quienes aún no lograron cerrar sus heridas que, tristemente, seguirán abiertas?

El 17 de marzo de 1992, la Embajada de Israel en la Argentina sufrió un atentado que dejó 22 muertos y 242 heridos. Lo que entonces se vio como un hecho insólito para el país, era solo la antesala de otro: el 18 de julio de 1994 otra explosión destruyó la sede de la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), ocasionando 85 personas muertas y unas 300 heridas.

La investigación de este segundo y más grave atentado fue muy distinta a la de la Embajada. Y, en efecto, sus escritos y expedientes son hoy la causa más grande en la historia de la justicia argentina.

Se conformó en el país un verdadero ejército de fiscales y jueces dedicados durante años al tema, que cada tanto, produce algún escándalo o terremoto. El más grave de los últimos fue el supuesto “suicidio” o asesinato de su principal fiscal, Alberto Nisman.

Antes pasaron el juez Juan José Galeano (destituido de la causa), el ex secretario de Inteligencia, Hugo Anzorreguy, juzgados también junto al expresidente Carlos Menem, luego varios fiscales incluyendo a Nisman, el radical chubutense Mario Cimadevilla, sobre quien afirman que llegó a la Unidad de Investigación Especial de la Amia haciendo una vorágine de consultas con varias personas que escribieron sobre el tema o tuvieron alguna forma de participación en la investigación, por su grado de desconocimiento, la ex presidenta y ahora flamante senadora nacional electa, Cristina Kirchner, también fue acusada, junto al excanciller Héctor Timerman, de encubrimiento a los iraníes, y ahora hasta el ministro de Mauricio Macri, German Garavano, fue acusado por Elisa Carrió de proteger, junto a Daniel Angelici, a los ex fiscales imputados por encubrir el atentado a la AMIA, ; Eamon Müllen y José Barbaccia.

El mismo ministro que un día antes del alegato en la causa por el encubrimiento del atentado revocó el poder del abogado que iba a pedir penas de prisión para Barbaccia y Müllen, ordenando que lo reemplazara un íntimo de Angelici, José Console, integrante del Tribunal de Disciplina del Club Atlético Boca Juniors, institución que preside el habitual blanco de los dardos de la diputada oficialista.

“La acusación que leyó el abogado Console en la audiencia del pasado jueves 1° de febrero, solicita la absolución total de los exfiscales Eamon Müllen y José Barbaccia, de todos los delitos por los que fueran acusados y los hechos atribuidos”, afirmó el partido.

La Coalición Cívica informó además sobre la renuncia a la Unidad AMIA de Mariana Stillman, una abogada de confianza de Carrió, después de que se difundiera que el Estado no alegaría con tra Müllen y Barbaccia. “No formamos parte ni del amiguismo, ni del nepotismo, ni de encubrimiento judicial alguno”, indicó el texto, en el que se recriminó que “Garavano interviniera en el trabajo de la querella del Estado en la causa de encubrimiento del atentado a la AMIA”.

Garavano se esforzó por tomar distancia: “No tomamos ninguna posición, lo que hicimos fue ratificar al abogado que estaba interviniendo en el juicio, que era lo que correspondía jurídicamente hacer, por lo que estamos muy tranquilos, en ese sentido”, explicó el ministro que ya quedó “manchado” en la causa, que con todas sus diferencias de forma, sigue presentando el mismo resultado: nada se sabe con certeza. Pasaron más de dos décadas y eso es lo único indudable.

El pantano, laberinto, enredo o como quiera llamarse a las interesadas acciones de sectores políticos tanto oficialistas como opositores, las marañas en la Justicia, Servicios de Inteligencia, Congreso, cancillerías, entre otros, los manejos de la Embajada de USA, lo único comprobado en el caso AMIA es que “la verdad” fue la mayor víctima de aquel atentado.

A tal punto lo es, que después de más de dos décadas de su “muerte”, ¿hace falta decir que la lucha por descubrirla ha perdido casi todo su sentido? ¿Resignación? Difícil realizar tal afirmación ante la herida abierta de los familiares de las víctimas.

Sucede que a esta altura parecen tan pocos los interesados en conocer la verdad y en hacer justicia a las víctimas y sus familiares, como tantos los interesados en usar la causa para sus propios planes. Pues, ya no importa la causa en sí tanto como la utilización política que se hace de la misma. Y quizás si se develara la verdad, los interesados en su manipulación perderían una poderosa arma.