El papa Francisco, que no tiene miedo a volar ni tiene avión propio, se sienta siempre adelante

Confesiones “a medias” de Alberto Colautti, que comanda el vuelo de Alitalia que hoy llevará al pontífice a Myanmar y Bangladesh. El pontífice suele volar con la aerolínea italiana y regresa en aviones de las líneas aéreas de los países que visita.

Alberto Colautti a veces se acerca al cielo un poco más que otras personas. No sólo porque es comandante en jefe de la aerolínea italiana Alitalia, sino también porque es el que lleva a los papas en sus viajes por el mundo. También en el próximo viaje del papa Francisco a Myanmar y Bangladesh, que se inicia hoy, el italiano Colautti, de 56 años, estará al mando de la cabina. “Es un vuelo muy especial. Lógicamente es un gran privilegio”, dijo a DPA.

Hasta ahora realizó diez viajes papales. “El primer viaje lo hice con el papa Benedicto XVI a Benín en África”. En aquella ocasión sintió nervios el día anterior. Con el tiempo, este hombre oriundo de Gorizia, en el norte de Italia, ya no está nervioso. Todo transcurre de acuerdo a un protocolo muy estricto. En general, organizar un viaje de un papa lleva entre tres y cuatro meses.

Lógicamente que su santidad recibe un trato especial, pero no hay tantas diferencias con los vuelos normales. “Garantizamos máxima seguridad y máximo confort, ya sea un pasajero normal o un jefe de Estado o un papa”, asegura Colautti, que es un católico creyente.

Claro que el Papa no debe pasar por los controles de seguridad habituales y puede subir al avión a último momento, cuando la nave ya está lista para despegar. Al contrario de la mayoría de jefes de Estado o de Gobierno, el Sumo Pontífice no tiene un avión propio a disposición.

Tradicionalmente el papa vuela en los vuelos de ida de sus viajes al extranjero siempre con Alitalia en una máquina común. De vuelta generalmente viaja en la aerolínea del país que visita. En el caso de los viajes a Myanmar y Bangladesh, vuelve a Roma con la línea estatal de Bangladesh, Bimam.

Para un “volo papale” se elige siempre una tripulación nueva. Según Colautti, quien fue piloto de helicóptero en la Marina y en Alitalia lleva ya 14.000 horas de vuelo, no es condición ser católico. A Colautti no le gusta el título de “piloto de los papas” porque asegura que en Alitalia todos los pilotos están en condiciones de llevar al papa.

Hasta ahora, todo jefe de la iglesia católica atravesó sin problemas las turbulencias. Francisco, de 80 años, no tiene miedo a volar. Pero en su entorno hay lógicamente alguno que otro que sufre un poco, según Colautti, que también ofrece entrenamiento contra el miedo a volar. Él mismo mantiene la cabeza fría: “En el avión estoy mucho más tranquilo que cuando me hacen entrevistas”.

La máxima discreción es muy importante, por lo que Colautti no revela qué es lo que come Francisco a bordo o si ve películas.

El Papa está sentado adelante de todo, al igual que su equipo del Vaticano, generalmente su “ministro de Exteriores”, el cardenal Pietro Parolin, o su portavoz de prensa. Detrás están los periodistas que lo acompañan, a los que Francisco saluda uno por uno con un apretón de manos y algunas palabras.

El vuelo no es barato para la prensa: Viajar a Myanmar y Bangladesh ida y vuelta cuesta 4.700 euros, por ejemplo.

Para Alitalia, los vuelos del Papa son muy importantes para su imagen. Pero a pesar de todo, la aerolínea está en problemas desde hace tiempo y este año incluso se declaró insolvente. Actualmente aún se mantiene con un crédito puente del Gobierno italiano.